Cierto día, un hombre envió a su hijo al banco con el dinero justo para que pagara las cuentas de la LUZ y del AGUA era el día límite de pago para evitar el corte de los servicios, y también era el último vestigio de dinero con que la familia contaría ese mes. El muchacho iba por la calle, cuando de repente vió el letrero que decía: