Detesto que es como ir predispuesto a que el sexo ocurra. Esos 15 minutos previos, que van desde que ambos entran, él paga el hotel, ambos echan un ojo rápidamente al cuarto, a la ducha y luego uno de los dos debe comenzar con el juego. O nada. Hablan de tonterías, el clima, el futbol, el tráfico, como perfectos desconocidos. Como si aún en la pareja existiera cierto pudor momentos previos al "momento de". Y luego, la acción. Digamos que muy espontáneo, el sexo en los hoteles, no es. Disfrutable, por supuesto. Siempre.